Les cuento por qué me gusta ir a ciertas cabinas: porque me encanta exhibirme, sentirme deseada y ver como varios quieran ser el siguiente. Me prende la mirada, la tensión, la competencia y saber que provoco esas cosas en los demás.
Ese día fue una locura. Yo me sentía segura, poderosa y totalmente en casa, disfrutando cada segundo de ser el centro de atención. Fue una experiencia divertida, atrevida y muy yo: sin filtros, sin pena y disfrutando mi cuerpo y mi deseo.